Duelo entre reinas: una mirada sistémica a la Familia Real


¿Qué es mentira y qué es real? No a la rumorología. ¿Por qué tanto afán en devastar la imagen de la reina Letizia? Seamos serios. Ateniéndonos a las imágenes, no hay un solo momento en que doña Letizia muestre tensión, rigidez o agresividad. Seamos justos y analicemos lo que vemos, sin inventar.


Y lo que vemos en las imágenes es a una abuela tratando de hacerse una foto con sus nietas, algo bello y natural, y a la madre de estas niñas en medio, dificultando la foto. La cuestión es ¿de modo intencionado o sin intencionar? ¿Lo podemos saber realmente? Cualquier respuesta que se de a esta pregunta será subjetiva, no lo podemos saber a ciencia cierta. Lo que sí podemos constatar y demostrar a raíz de estas imágenes, es que hay un momento de confusión, tensión o conflicto, y muestra de ello es el hecho de que la princesa Leonor se deshaga con fuerza de la mano de la abuela que la tiene cogida por el hombro, resolviendo así el embrollo entre suegra y nuera, ese enredo de manos que confluyen en ella, agobiándola. Pero no es Letizia quien la retira y mucho menos con violencia, como se ha insistido en algunos medios.


Si este episodio fuera muestra patente, y lo es, de un conflicto interno entre las reinas, y lo es, y si el territorio disputado de tal riña fueran las niñas, y lo son, veamos qué es lo que pasa. Y lo que pasa es, que son las niñas mismas, las que ponen fin al conflicto y el sistema en orden, haciendo que cada uno ocupe su lugar, de una manera muy inocente y natural.

Una y otra vez podemos observar con qué gusto y buena disposición las niñas siguen a la madre. Doña Letizia no tiene más que acercarse, y ellas corren a su lado, reciben con agrado sus caricias, la miran y sonríen sin descanso, y van a su encuentro en todo momento, están calmas y felices, propio de quién disfruta de un vínculo afectivo fuerte y sano. No hay nada que forzar, y menos manipular, como en algunos espacios se está dando a entender. Es doña Sofía, la reina emérita quien sí está forzando la situación. Y como todo en la vida, cuando forzamos las cosas, algo no estamos haciendo bien.

Analicemos los hechos. Doña Sofía ve al fotógrafo y se dispone a posar junto a las niñas que tiene cerca, una a cada lado. En ese momento se cruza la reina Letizia para saludar a alguien al otro lado, ¿aposta? No lo sabemos. La reina emérita insiste en aprovechar la ocasión para la foto asintiendo con la cabeza y la mirada al fotógrafo, pero doña Letizia, ahora sí, se pone justo en medio de cara a Leonor, y aquí tenemos el momento crucial. Según le retira el pelo en una señal de afecto, se juntan las tres líneas genealógicas, madre, hija y abuela, y es la mano de la abuela la que sale despedida. La princesa Leonor la separa con fuerza haciendo un amplio movimiento con su brazo que extiende rápidamente y en su totalidad en un ademán claramente de rechazo, que no de desprecio, para librarse. ¿Quién sale perdiendo? La abuela. De nuevo doña Sofía la coge por el hombro y la lleva forzosamente hacía sí, la niña se vuelve a desprender de ella. No satisfecha, doña Sofía, lo vuelve a intentar una tercera vez, la agarra esta vez por el brazo y otra vez por el hombro. Es too much. No se da por aludida.


Estamos ahora fuera de la catedral. Y esta vez doña Sofía adelanta sus pasos de nuevo hacia las niñas para posar. Doña Letizia se interpone ligera y sonriente, pero está a lo que está. Muestra de ello es cómo gira su torso en confrontación a la reina emérita y saca pecho con orgullo y seguridad. Las niñas van hacia ella, la infanta Sofía se coloca a su izquierda pasando por detrás, Leonor busca de nuevo sus caricias y doña Letizia de nuevo se las da. Están ahora todos listos para la foto, reyes eméritos y reyes reyes, y sin embargo, un nuevo movimiento nos muestra el orden imperante y natural en la familia real. La infanta Sofía da un paso lateral hacia su madre creando con ella y su hermana un núcleo aún más unido e indivisible y una espacio con respecto a los abuelos, dando lugar a dos bloques, abuelos por una lado y padres e hijas por otro.


¿Qué nos muestra este episodio? El orden natural del amor y de la jerarquía en las familias. El rango de pertenencia es mayor entre padres e hijos. La abuela no se puede interponer, no se puede saltar a la madre y reina. La solución sería incluirla, y entonces, no saldría despedida. Esto daría lugar a una familia unida en la que cada cual ocupa su lugar y no hay disputas, porque no nos podemos saltar el orden natural de las cosas y menos el de los sistemas familiares. Un nuevo sistema tiene más fuerza que el del que proviene. Todos podemos y debemos pertenecer, pero cada uno en su sitio.


Ahora sí, doña Sofía ocupa su lugar con una postura erguida, segura y sólida, muy digna, como siempre, como es ella.

Nuria Moreno

Asesora de Comunicación

Experta en Comunicación no Verbal

www.nuriamoreno.com

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